miércoles, 27 de noviembre de 2013

Etica a Nicómaco. (Libro 1,7) Aristóteles.



F. ETICA Y CIUDADANA 2013.-

Volvamos de nuevo al bien que buscamos para preguntarnos qué es. Porque parece que es distinto en cada actividad y en cada arte; en efecto, es uno en la medicina, otro en la, estrategia, y así en las demás. Pero ¿qué es el bien de cada una de ellas? ¿No es aquello en virtud de lo cual se hacen las demás cosas? En la medicina es la salud, en la estrategia, la victoria; en la arquitectura, la casa; en otros casos otras cosas, y en toda acción y decisión es el fin, pues todos hacen las demás cosas en vista, de él.  De modo que si hay algún fin de todos los actos, éste será el bien realizable, y éstos si hay varios. Nuestro razonamiento, después de muchos rodeos, vuelve al mismo punto; pero intentemos aclarar más esto. Puesto que parece que los fines son varios y algunos de éstos los elegimos por otros, como la riqueza, las flautas y en general los instrumentos, es evidente que no todos son perfectos, pero lo mejor parece ser algo perfecto; de suerte que si sólo hay un bien perfecto, ése será el que buscamos, y si hay varios, el más perfecto de ellos. Llamamos perfecto al que se persigue por sí mismo,  que al que se busca por otra cosa, y al que nunca se elige por otra cosa, más que a los que se eligen a la vez por sí mismos y por otro fin, y en general consideramos perfecto lo que se elige siempre por sí mismo y nunca por otra cosa. Tal parece ser eminentemente la felicidad, pues la elegimos siempre por ella misma y nunca por otra cosa, mientras que los honores, el placer, el entendimiento y toda virtud los deseamos ciertamente por sí mismos (pues aunque nada resultara de ellas, desearíamos todas estas cosas ), pero también los deseamos en vista de la felicidad .En definitiva, puesto que todo conocimiento y toda elección tienden a algún bien, digamos que aquel a que la Política aspira por ser el supremo entre todos los bienes que pueden realizarse .... es la Felicidad, de tal modo que vivir bien y obrar bien es ser feliz. Ahora bien, acerca de que sea la Felicidad todos dudan y no lo explican del mismo modo el vulgo y los sabios.
(Aristóteles. Ética a Nicómaco. Libro 1,7)


lunes, 2 de septiembre de 2013

Aristóteles: Metafísica, libro I, 2 "El, filósofo"


Aristóteles

Por de pronto, concebimos al filósofo principalmente como conocedor del conjunto de las cosas, en cuanto es posible, pero sin tener la ciencia de cada una de ellas en particular. En seguida, el que puede llegar al conocimiento de las cosas arduas, aquellas a las que no se llega sino venciendo graves dificultades, ¿no le llamaremos filósofo? En efecto, conocer por los sentidos es una facultad común a todos, y un conocimiento que se adquiere sin esfuerzos no tiene nada de filosófico. Por último, el que tiene las nociones más rigurosas de las causas, y que mejor enseña estas nociones, es más filósofo que todos los demás en todas las ciencias; aquella que se busca por sí misma, sólo por el ansia de saber, es más filosófica que la que se estudia por sus resultados; así como la que domina a las demás es más filosófica que la que está subordinada a cualquiera otra. No, el filósofo no debe recibir leyes, y sí darlas; ni es preciso que obedezca a otro, sino que debe  obedecerle el que sea menos filósofo.(...)
       Entre todas las ciencias, son las más rigurosas las que son más ciencias de principios; las que recaen sobre un pequeño número de principios son más rigurosas que aquellas cuyo objeto es múltiple; la aritmética, por ejemplo, es más rigurosa que la geometría. La ciencia que estudia las causas es la que puede enseñar mejor, porque los que explican las causas de cada cosa son los que verdaderamente enseñan. Por último, conocer y saber con el solo objeto de saber y conocer, tal es por excelencia el carácter de la ciencia de lo más científico que existe. El que quiera estudiar una ciencia por sí misma, escogerá entre todas la que sea más ciencia, puesto que esta ciencia es la ciencia de lo que hay de más científico. Lo más científico que existe lo constituyen los principios y las causas. Por su medio conocemos las demás cosas, y no conocemos  aquéllos por las demás cosas. Porque la ciencia soberana, la ciencia superior a toda ciencia subordinada, es aquella que conoce el porqué debe hacerse cada cosa. Y este porqué es el bien de cada ser, que tomado en general, es lo mejor en todo el conjunto de los seres.
        De todo lo que acabamos de decir sobre la ciencia misma, resulta la definición de la filosofía que buscamos. Es imprescindible que sea la ciencia teórica de los primeros principios y de las primeras causas, porque una de las causas es el bien, la razón final. Y que no es una ciencia práctica lo prueba el ejemplo de los primeros que han filosofado. Lo que en un principio movió a los hombres a hacer las primeras indagaciones filosóficas fue, como lo es hoy, la admiración. Entre los objetos que admiraban y de que no podían darse razón, se aplicaron primero a los que estaban a su alcance; después, avanzando paso a paso, quisieron explicar los más grandes fenómenos; por ejemplo, las diversas fases de la Luna, el curso del Sol y de los astros y, por último, la formación del Universo. Ir en busca de una explicación y admirarse, es reconocer que se ignora. Y así, puede decirse que el amigo de la ciencia lo es en cierta manera de los mitos, porque el asunto de los mitos es lo maravilloso. Por consiguiente, si los primeros filósofos filosofaron para librarse de la ignorancia, es evidente que se consagraron a la ciencia para saber, y no por miras de utilidad. El hecho mismo lo prueba, puesto que casi todas las artes que tienen relación con las necesidades, con el bienestar y con los placeres de la vida, eran ya conocidas cuando se comenzaron las indagaciones y las explicaciones de este género. Es, por tanto, evidente que ningún interés extraño nos mueve a hacer el estudio de la filosofía.
        Así como llamamos hombre libre al que se pertenece a sí mismo y no tiene dueño, en igual forma esta ciencia es la única entre todas las ciencias que puede llevar el nombre de libre. Sólo ella efectivamente  depende de sí misma. Y así con razón debe mirarse como cosa sobrehumana la posesión de esta ciencia. Porque la naturaleza del hombre es esclava en tantos respectos, que sólo Dios, hablando como Simónides, debería disfrutar de este precioso privilegio. (...).
        Por último, no hay ciencia más digna de estimación que ésta, porque debe estimarse más la más divina, y ésta lo es en un doble concepto. En efecto, una ciencia que es principalmente patrimonio de Dios, y que trata de las cosas divinas, es divina entre todas las ciencias. Pues bien, sólo la filosofía tiene este doble carácter. Dios pasa por ser la causa y el principio de todas las cosas, y Dios sólo, o principalmente al menos, puede poseer una ciencia semejante. Todas las demás ciencias tienen, es cierto, más relación con nuestras necesidades que la filosofía, pero ninguna la supera.
Aristóteles, Metafísica, Libro Primero, II

(Biblioteca Filosófica. Obras filosóficas de Aristóteles. Volumen 10. Traducción: Patricio de Azcárate)




miércoles, 14 de agosto de 2013

CASTIDAD (ensayo de una alumna de 6° año. IPSBA)


Castidad. La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual. Hay muchos puntos de vista sobre esta virtud: bíblico, teológico, antropológico, psicológico. En el presente ensayo enmarcaré a la castidad en un contexto ético, siendo mi principal meta dilucidar su concepto y características principales que hacen que el hombre pueda crecer como persona. Día a día es cada vez más notorio que la castidad se practica en menor medida, dado a que las circunstancias del medio lo propician: exceso de información orientada a lo vulgar, medios masivos de comunicación que imponen a personas como modelo a seguir que nada tienen de ejemplo. La castidad no significa una mera represión de la sexualidad de las personas, sino un orden por el cual cada una de sus etapas enriquece a la otra. No solo las personas consagradas a la vida religiosa (como sacerdotes o monjas) deben cumplir con este requerimiento: todos y cada uno de nosotros debe ser casto en su vida sexual para, luego del matrimonio, poder aflorar plenamente esta capacidad. Es la mejor forma de comprender, y sobre todo, valorar el amor; es un entrenamiento en la generosidad, en el deber, en la voluntad y en el dominio de sí mismo. En la actualidad se ve cada vez más que a la castidad ya no se la toma como un valor, sino como un antivalor; muchas personas critican a otras por optar ser castos cuando ellos no lo son, sin saber apreciar el valor que tiene. El pudor distingue al hombre de los animales. Ser un esclavo de los instintos en materia sexual, convierte al hombre en animal, lo desnaturaliza de su condición de persona libre y de su condición de sujeto auto determinativo. La sexualidad de cada individuo no está determinada porque tuvo más o menos momentos de placer, por el contrario, es un camino que se va construyendo paso a paso. Una de las virtudes que acompaña a la castidad es la pureza; pudor no es miedo al cuerpo desnudo sino el respeto hacia él, no es casta la persona que trata de evitar todo lo relacionado con lo sexual, sino aquella que lo mira desde la pureza del alma. Son acciones vanas que atentan contra la castidad todas las acciones que buscan placer sexual fuera del matrimonio, como por ejemplo el adulterio. Según el Catecismo de la Iglesia Católica (2351-2356), existen seis ofensas contra este valor, tales como la lujuria (deseo o goce desordenado del placer venéreo), la masturbación (excitación voluntaria de los órganos genitales con el fin de obtener un placer venéreo), la fornicación (unión carnal entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio), la pornografía (dar a conocer actos sexuales, reales o simulados fuera de la intimidad de los protagonistas), la prostitución (reduce el placer venéreo de la persona que se está prostituyendo) y la violación (forzar o agredir con violencia la intimidad sexual de una persona). En conclusión, la Castidad el ordenamiento de la potenciabilidad sexual del hombre, dado a que éste es una persona racional, inteligente y auto determinativa, y perfecciona al hombre en su cualidad de hombre. No es el rechazo de su sexualidad, sino la libertad que tiene para vivirla plenamente. Saber esperar el momento indicado y elegir a la persona exacta es una de las virtudes más denigradas en estos tiempos, en donde las personas del mismo sexo se unen en matrimonio, los jóvenes sólo tienen relaciones sexuales por placer sin conocer lo que es el verdadero amor y hay parejas que se corrompen porque uno de los conyugues es infiel. Se dice que la Castidad es como una regla impuesta que ya pasó de moda, siendo que es algo que nunca va a perder su verdadera esencia que es perfeccionar al hombre, y la moda es un patrón impuesto por personas que nada entienden de este tema y que va variando con el transcurso del tiempo.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Spinoza y Berkeley




Spinoza.-     Naturaleza y Panteísmo

Deus, vive Substancia, sive Natura, la famosa formula de Spinoza expresa una noción de Dios diferente al de la Escolástica e incluso a la de Descartes. Dios es la Naturaleza, la Naturaleza es un Todo, una sola Substancia. Las cosas no son sino partes "inmanentes" del Todo.
El universo de Spinoza es pues, el panteísmo puesto que resurge en el la idea de la realidad como Totalidad infinita.
Mientras que para la escolástica, la substancia era concebida como un "substrato inerte", Spinoza la verá como causalidad y fuerza. Por su parte Descartes había concebido las sustancias finitas como condenadas a un perpetuo reposo, y había explicado su actividad deduciendo que el mundo de la extensión necesitaba que Dios lo ponga en movimiento al tiempo que el pensamiento necesita el concurso de la voluntad. Lo que Spinoza hará es dotar de dinamismo al esquema cartesiano de modo tal que identifica la extensión con el movimiento y el pensamiento con el pensar.
De esta forma, la Substancia (o Naturaleza) es activa y creadora. El atributo (o lo que expresa la esencia de la sustancia) del pensamiento genera ideas encadenadas entre sí que sintetizan una única idea de Dios. Y el atributo de extensión, produce una serie también infinita de movimientos: El orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y la conexión de las cosas


Monismo
Para Spinoza, todos los atributos se identifican entre sí, de manera tal que se evitan los problemas que surgen del dualismo cartesiano, puesto que ya no tiene sentido preguntarse cómo es que actúan las cosas sobre la mente o viceversa. En efecto, si hay una sola substancia, sus atributos, aunque sean infinitos, resultan en definitiva, un solo atributo (puesto que proceden de la misma substancia). Así, a cada cosa le corresponde una idea y esa idea es su "alma", por lo cual, todos los seres estarían animados en un grado diferente. El orden de las ideas, entonces, refleja el orden de las cosas y se trata, además, de un orden necesario: como la necesidad dirige todo lo que sucede en la Naturaleza, es que este puede ser expuesto en un orden geométrico. Sin embargo, debe observarse que esta "necesidad" no implica una "finalidad". Spinoza considera la causa eficiente, más no la causa final, puesto que pensar que las cosas acontecen para algo... no es más que un juego de la imaginación.

Imaginación y pasión

Spinoza dirá que el ser humano debe, ante todo, liberarse de la imaginación, pero ¿qué es la imaginación para Spinoza?
La imaginación es toda forma de conocimiento que, dependiendo del propio cuerpo (en cuanto que sufre la acción de otros cuerpos exteriores) de modo tal que solo permita conocer la naturaleza de un modo parcial (fragmentado).
Toda clase de ilusiones proceden de la imaginación:
a. Errores teleológicos: creer que el mundo está al servicio del hombre
b. Errores axiológicos: creer que nociones como "belleza" y "fealdad", "mal" y "bien" permiten conocer la Naturaleza.
c. Errores antropológicos: creer que el hombre mismo es una substancia. Si el hombre fuera "substancia", el mundo estaría hecho para él y consecuentemente las cosas serían buenas o malas de acuerdo a si estas le convienen o no.
La pasión surge también de la imaginación y esclaviza al hombre. El amor, la tristeza, la alegría o el odio, lo dominan y lo convierten en esclavo de sus pasiones, sometiéndolo al curso del Universo.
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Berkeley (1685-1753)

"Es ciertamente extraño que haya prevalecido entre los hombres la opinión de que las casas, montes, ríos, en una palabra, cualesquiera objetos sensibles, tengan existencia real o natural distinta de la de ser percibidos por el entendimiento" Berkeley
Berkeley manifiesta ante todo la preocupación en los ámbitos teológicos por el materialismo de Hobbes y las doctrinas de librepensadores como Toland, Collins, Shaftesbury y Mandeville. Su obra principal "Principios del conocimiento humano: donde se investigan las principales causas de error, dificultad en la ciencias como también el fundamento y origen del escepticismo, ateísmo e irreligión" exhibe claramente las intenciones de su labor filosófica.
Berkeley dirá que la causa de todos los errores es suponer que la mente puede elaborar ideas abstractas (como las de "cuerpo" o "existencia") entonces critica así, la teoría de Locke sobre las ideas generales y propone un nominalismo absoluto: las ideas no son sino nombres de manera tal que toda idea o representación es individual, habiendo que tener mucho cuidado al usar las palabras.
Para Berkeley, solo conocemos ideas y además de las ideas no existe sino la mente que las percibe y Dios (que las hace percibir). Afirmar que existe un mundo material es la consecuencia de dejarse llevar por las falacias de la abstracción, considerando al "ser" de las cosas independientemente de su "ser percibidas".
Se dice que Berkeley no es un empirista consecuente puesto que su filosofía puede clasificarse como una metafísica inmaterialista ya que niega la existencia del mundo corpóreo y afirmando la existencia de sustancias espirituales como "Dios" y "alma" se encuentra en una posición totalmente opuesta a Hobbes.
ACTIVIDAD
1-Extraer principales características del pensamiento de cada autor.-
2-¿De qué debería librarse el hombre, según Spinoza?
3- Según Spinoza, ¿de dónde surge la Pasión del hombre?
4-Para Berkeley. ¿Cuál es la causa de nuestros errores?
5-¿Cómo se clasifica la filosofía de Berkeley?




martes, 23 de abril de 2013

Samto Tomás de Aquino.- "Sobre el Alma"

 

Fragmentos de obras de Tomás de Aquino


Sobre el alma
La consideración del alma como la forma del cuerpo, consideración de carácter aristótelico, ha de ser matizada y explicada por Sto. Tomás para adaptarla a las exigencias del cristianismo. A continuación se presentan algunos fragmentos de la Suma Teológica con diversas aclaraciones sobre la interpretación del alma.
¿El alma humana es alguna cosa subsistente? (C. 75, a. 2.)
Es necesario reconocer que lo que es el principio de la operación intelectual y que llamamos alma del hombre es cierto principio incorpóreo y subsistente. En efecto: es notorio que el hombre puede conocer por su entendimiento las naturalezas de todos los cuerpos, y lo que puede conocer algunas cosas, nada de ellas debe tener en su naturaleza, porque lo que naturalmente estuviese en ella impediría el conocimiento de los demás; así vemos que la lengua de un enfermo, impregnada de bilis y de humor acre, no puede percibir sabores dulces y todo le sabe amargo. Si, pues, el principio intelectual tuviese en sí la naturaleza de algún cuerpo, no podría conocerlos todos, y como todo cuerpo tiene alguna naturaleza determinada, es imposible, en consecuencia, que el principio intelectual sea cuerpo, como lo es asimismo que conozca por medio de un órgano corporal, puesto que la naturaleza determinada de este órgano le impediría conocer todos los cuerpos; como si algún color determinado está no solamente en la pupila, sino también en un vaso de vidrio, el liquido contenido en él parece del mismo color. Así, pues, el primer principio intelectual, al que damos los nombres de mente o entendimiento, tiene de sí mismo su operación propia sin participación del cuerpo. Pero ningún ser puede obrar por sí mismo si no subsiste por sí mismo, puesto que el obrar es exclusivo de un ente en acto. De donde se infiere que cada ser obra según su modo de ser, y por eso no decimos que el calor calienta, sino lo cálido. Queda, pues, demostrado que el alma humana, que también llamamos entendimiento o mente, es algo incorpóreo y subsistente.
¿Es incorruptible el alma humana? (C. 75, a. 6.)
Necesariamente, el alma humana, que decimos es el principio intelectivo, es incorruptible. En efecto: una cosa se corrompe de uno de estos dos modos: o de suyo, o accidentalmente. Es imposible, desde luego, que algo subsistente sea engendrado o corrompido accidentalmente, es decir, por otro ser engendrado o corrompido, porque el ser engendrado o corrompido compete a un ser de la propia manera que la existencia, que se adquiere por generación y se pierde por corrupción, y, por consiguiente, lo que tiene ser por sí propio, no puede ser engendrado ni corrompido sino por sí mismo. En cuanto a las cosas no subsistentes, como los accidentes y las formas materiales, se dice que son hechas y destruidas por la generación y la corrupción de los compuestos. Queda, empero, demostrado (a. 3) que las almas de los brutos no son subsistentes por sí mismas y que únicamente lo que es alma humana; por consiguiente, las almas de los brutos corrómpense con los cuerpos, mientras que el alma humana no podría corromperse sino por sí misma, lo cual es de todo punto imposible no sólo respecto del alma humana, sino de cualquier ser subsistente, que no es más que forma, porque es evidente que lo que conviene al ser por razón de sí mismo es inseparable de él, y el ser por sí mismo compete a la forma, que es un acto. Así es que la materia adquiere su ser en acto al recibir una forma y le sobreviene la corrupción, separándose de ella su forma. Pero como es imposible que una forma sea separada de sí misma, síguese que es igualmente imposible que una forma subsistente cese de existir.
- Aun suponiendo que el alma fuese compuesta de materia y forma, como algunos pretenden, sería preciso también reconocer que es incorruptible, porque no hay corrupción donde no hay contrariedad, puesto que la generación y la corrupción suponen elementos contrarios, combinados por aquélla y disueltos por ésta. Así, los cuerpos celestes son incorruptibles precisamente porque no tienen una materia sometida a esa contrariedad, que tampoco puede existir de modo alguno en el alma intelectiva, por cuanto recibe según su modo de ser, y todo cuanto en ella es recibido está libre de contrariedad, pues aun las razones de las ideas contrarias no son opuestas en el entendimiento, siendo una sola en él la ciencia de los contrarios. Es, pues, imposible que el alma intelectiva sea incorruptible.
- Puede todavía deducirse una prueba del deseo que naturalmente tiene cada ser de existir según su modo de ser. El deseo en los seres inteligentes es consecuencia del conocimiento. Los sentidos no conocen el ser sino en lugar y tiempo determinados; pero el entendimiento los conoce absolutamente y en toda su duración; por esta razón todo ser dotado de entendimiento desea, por su naturaleza misma, existir siempre, y como el deseo natural no puede ser vano, síguese que toda sustancia intelectual es incorruptible.
¿El principio intelectivo está unido al cuerpo como su forma? (C. 76, a. 1)
Es necesario afirmar que el entendimiento, que es el principio de la operación intelectual, es la forma del cuerpo humano, porque aquello en cuya virtud obra primordialmente un ser, es la forma del ser a que se atribuye la operación; así, lo primero por que el cuerpo se constituye sano es la salud, y la ciencia lo que ante todo hace que el alma sepa, y por esta razón, la salud es la forma del cuerpo y la ciencia lo es del alma en cierto modo. La prueba de esto es que ningún ser obra sino entretanto que está en acto y que, por consiguiente; obra en virtud de aquello que lo constituye en acto. Es evidente, por otra parte, que lo primero por que el cuerpo vive es el alma, y como la vida se manifiesta por operaciones diversas en los diversos grados de los seres vivientes, aquello por lo que primariamente ejercemos cada una de estas funciones vitales es el alma. Ella es, en efecto, lo primero que nos hace nutrirnos y sentir y movernos localmente, como también entender. Este primer principio de nuestro entendimiento, llámasele entendimiento o alma intelectiva, es, por lo tanto, la forma del cuerpo, y esta demostración es de Aristóteles en el tratado Del alma, lib. 2, tex. 24.
- Si alguien pretende sostener que el alma intelectiva no es la forma del cuerpo, a él incumbe explicar cómo esa acción de entender sea una acción propia de tal hombre; puesto que cada uno sabe por propia experiencia que él mismo es quien entiende. Se atribuye, empero, a alguno una acción de tres maneras, según hace constar Aristóteles (Fís., lib. 5, tex. 1). Dícese que alguna cosa se mueve u obra, o según todo su ser, como el médico cura, o bien por una parte de sí misma, como el hombre ve por medio de su ojo, o, en fin, accidentalmente, como si dijéramos que lo blanco edifica por la circunstancia accidental de ser blanco el constructor. Así, pues, cuando decimos que Sócrates o Platón entiende, es evidente que no se le atribuye esta acción accidentalmente, sino que se le atribuye en cuanto es un hombre, lo cual se afirma de él esencialmente. Es preciso, pues, decir o que Sócrates entiende según todo su ser, como establecía Platón al definir al hombre diciendo que es un alma intelectiva (Alcibiades, 1), o que el entendimiento es alguna parte de Sócrates.
-Lo primero es notoriamente insostenible en vista de lo demostrado (c. 75, a. 4), puesto que el hombre mismo es el que percibe: que él mismo es quien entiende y siente; ahora bien: no es posible sentir sin el cuerpo de donde se deduce que el cuerpo es alguna parte del hombre.
-Por consiguiente, sólo queda aceptable la conclusión de que el entendimiento, por el cual Sócrates entiende, es alguna parte de Sócrates, de tal suerte que está de alguna manera unido a su cuerpo. El Comentador de Aristóteles dice (Del alma, lib. 1, com. 36) que esta unión se efectúa por medio de la especie inteligible; la cual tiene un doble sujeto, a saber, el entendimiento posible y además las imágenes, que están en los órganos corporales, y así, mediante esta especie inteligible, únese el entendimiento posible al cuerpo de este o de aquel hombre. Pero esta continuidad o unión no basta para erigir la acción del entendimiento en acción de Sócrates, lo cual se hace evidente por su comparación con los sentidos; de esta observación procede Aristóteles a examinar lo que es propio del entendimiento, porque las imágenes con respecto de éste son lo que los colores respecto de la vista (Del alma, lib. 3, tex. 18). Así, pues, como las especies de los colores están en la vista, igualmente las especies de las imágenes están en el entendimiento posible, y siendo innegable que no se atribuye a una pared la acción de ver porque se nos presentan en ella los colores cuyas imágenes se hallan en el órgano visual, pues no decimos que la pared ve, sino más bien que es vista, así también de que las especies de las imágenes estén en el entendimiento posible no se deduce que Sócrates, en quien están las imágenes, entiende o conoce, sino que él mismo o ellas son conocidas o entendidas.
-Algunos han querido decir que el entendimiento estaba unido al cuerpo como un motor, y que de este modo formaba con él un solo todo, al que se le puede atribuir la acción del entendimiento. Pero esta teoría carece de fundamento en muchos conceptos: 1.° Porque el entendimiento no mueve al cuerpo sino por medio del apetito, moción que presupone la operación del entendimiento; Sócrates, pues, no entiende porque sea movido por el entendimiento, sino que más bien, al contrario, es movido por el entendimiento, porque entiende. 2.° Porque siendo Sócrates un individuo en su naturaleza, cuya esencia es única, y compuesta de materia y forma, síguese que está fuera de su esencia y que, por consiguiente, el entendimiento es respecto de Sócrates todo lo que el motor es al movimiento. Mas entender es un acto inmanente en el sujeto y no transeúnte a otro, como la acción de calentar. No se puede, pues, atribuir a Sócrates el entender porque sea movido por el entendimiento. 3.° Porque la acción de un motor nunca se atribuye al objeto movido sino como a instrumento, al modo que a la sierra la acción del carpintero. Si, pues, se atribuye a Sócrates el entender por cuanto es la acción de su motor, síguese que se le atribuye como a instrumento, lo cual es contrario al parecer de Aristóteles, que dice (Del alma, lib. 3, tex. 12) que el entender no se efectúa por medio de instrumento corpóreo. 4.° Porque, aunque la acción de la parte se atribuya al todo, como la acción del ojo al hombre, nunca, empero, se atribuye a otra parte sino acaso accidentalmente; pues no decimos que la mano ve porque ve el ojo. Si, pues, del entendimiento y de Sócrates se hace un solo todo al modo dicho, el acto del entendimiento no puede ser atribuido a Sócrates. Pero si Sócrates es un todo compuesto del entendimiento en unión con las demás partes constitutivas de Sócrates y, sin embargo, el entendimiento no está unido a estas otras partes sino como motor, dedúcese de esto que Sócrates no es uno solo simplemente y, por lo tanto, ni es ser simplemente, puesto que una cosa es ser del mismo modo que es sólo una.
-No queda, pues, admisible otra opinión que la de Aristóteles, que establece (Del alma, lib. 2, tex. 25 y 26) que el hombre entiende porque el principio intelectivo es su forma, y así, por consiguiente, resulta demostrado, por la operación misma del entendimiento, que el principio intelectivo está unido al cuerpo como su forma. También puede comprobarse lo mismo por la naturaleza de la especie humana, porque la naturaleza de cada cosa se manifiesta por su operación, y la operación propia del hombre como hombre es la de entender, por la cual se sobrepone a todos los animales. Así es que Aristóteles constituye la felicidad última en esta operación, como en la propia del hombre. Es preciso, pues, según esto, que el hombre tome su especie de lo que es el principio de esta operación, y como lo que a cada ser da la especie es la forma propia, síguese que el principio intelectivo es la forma propia del hombre.
-Débese observar, empero, que cuanto más noble es la forma, tanto más dominio tiene sobre la materia corporal, y está menos mezclada con ella, y más la excede en su operación o virtud; así, vemos que la forma de un cuerpo mixto tiene una acción diversa de la que resulta de las cualidades elementales. Y a medida que se asciende en la nobleza de las formas, obsérvase cada vez mayor excelencia de la virtud de la forma sobre la materia elemental; por ejemplo: el alma vegetativa es más noble que la forma elemental, y el alma sensible es superior al alma vegetativa. Siendo, pues, el alma humana la más noble de todas las formas, excede, por consiguiente, a la materia corporal en su virtud, por cuanto tiene una operación y potencia de que no participa aquélla, y esta virtud o potencia recibe el nombre de entendimiento.
-Es muy digno de notarse que si se supone al alma compuesta de materia y forma, de ningún modo se podría decir que el alma es la forma del cuerpo, porque siendo la forma un acto y la materia tan sólo un ente en potencia, lo que es compuesto de materia y forma no puede ser en manera alguna la forma de otro ser en su totalidad. Y si es forma según una parte de sí mismo, damos entonces el nombre de alma a lo que es forma, y decimos que lo primero animado es aquello de que es forma, como ya queda dicho (c. 75, a. 5).
Según la edición del P. Ismael Quiles, Espasa-Calpe, Madrid, 1957.